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SARA FERERES DE MORYOUSSEF, escritora larachense

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SARA FERERES DE MORYOUSSEF

Raquel Fhina, la hija de Sara Fereres de Moryoussef, me envió unas notas sobre su madre después de que yo le pidiera algunos datos para poder escribir sobre ella, ya que hace tiempo leí su precioso libro “Larache, crónica nostálgica” (Centro de Estudios Sefardíes de Caracas, Venezuela, 1996).

Raquel me cuenta que Sara es una larachense nacida en Casablanca (Marruecos) en 1929, hija de Jacob Fereres y de Berta Amar. Sus padres y toda la familia paterna vivían en Larache pero al momento del parto, Berta, su madre, que era de Tánger, se trasladó a Casablanca para ser atendida en una clínica en lugar de recurrir a la comadrona, como era la costumbre en el pueblo durante la época del Protectorado Español.

Dada la época, su infancia en Larache obviamente transcurrió bajo los efectos indirectos de la Guerra Civil Española y de la Segunda Guerra Mundial. La buena posición económica de los Fereres y su condición de ciudadanos ingleses, gracias a un antepasado nacido en Gibraltar, ayudaron a su familia a paliar las secuelas que ambos conflictos, que se dieron seguidos, tuvieron en la economía local. No obstante, apenas obtener su certificado de estudios en la Alianza Israelita Universal, a los 14 años, la situación la llevó a trabajar con su tío Salomón Fereres en su negocio de alimentos.

Niños de la Alianza Israelita Universal de Larache

Con veintidós años, Sara se marchó sola a Casablanca, lo que era entonces la “zona francesa”. Sin embargo, a decir de Raquel, los años que su madre vivió en Larache y el jaquetía que ahí se hablaba la marcarían por siempre.

Al poco tiempo de establecerse en Casablanca se le unieron sus padres y hermanos. Su dominio del idioma inglés le facilitó el poder trabajar en la base militar norteamericana de Nouasseur como asistente del Comandante General. En 1954 se casó con su novio de la adolescencia, Saadia Moryoussef, también de Larache, y dejó ese trabajo para mudarse con su esposo, primero a Louis Gentile, cerca de Marrakech, y luego a Mogador donde Saadia gerenciaba la tienda de calzados Bata. Al año siguiente tuvieron su primera hija, que fue Raquel.

Tras declararse la independencia de Marruecos en 1956, se produjo un fallido atentado con bomba contra el negocio de su esposo, que como otros extranjeros de la zona, por algunos sectores radicales les consideraban relacionados con los colonialistas, hecho éste que les empujó a dejar el país y establecerse en Venezuela, estimulados por los tíos y las primas de Sara, Aurora y Salomón Coriat, y sus hijas Eva y Yolanda, que vivían en Caracas y gozaban de buena posición. Llegaron al puerto de la Guaira en febrero de 1957 a bordo del paquebote “Virginia de Churruca”. Más tarde, los padres de Sara y dos de sus hermanos también llegaron a Venezuela.

Fue ya en Caracas, donde tuvieron dos hijos más, Bertha y Alberto. La familia se integró lógicamente a la comunidad judía, y según cuenta Raquel, Saadia se afilió a la “Unión Israelita de Caracas”, en lugar de la “Asociación Israelita de Venezuela”, ya que el primo político de Sara, David Katz, era para entonces presidente de la institución ashkenazí.

Paralelamente al trabajo de Saadia en Benatarco, dedicado a la venta de máquinas para zapatería y costura, ambos llevaron durante muchos años una tienda de calzados en la Av. Urdaneta. El negocio cerró en 1983 y Sara se retiró para dedicarse al hogar, viajar, pintar y escribir. Saadia, su esposo, falleció en 1998.

Sara Fereres comenzó a escribir artículos de prensa que han sido publicados en Nuevo Mundo Israelita, en las revistas Maguen Escudo y Alef de Barcelona, así como en medios web como Maroc Amitie y Sefarad.

Rindió un homenaje a su terruño cuando escribió “Larache, crónica nostálgica” que publicó el Centro de Estudios Sefardíes de Caracas en 1996. Un delicioso libro, del que hablaré más detalladamente cuando le dedique un artículo a “Larache vista por Sara Fereres”, lleno de nostalgia, cariño y melancolía. Como adelanto de ese otro artículo, rescato un breve párrafo de su introducción:

A pesar de la protección del Consulado Británico, teníamos que estar siempre alerta y preparados para lo peor. Para nosotros, la situación era doblemente difícil: éramos británicos y judíos. Aún recuerdo las maletas preparadas con ropa, al pie de la cama de mis padres, por si llegaba el aviso de evacuación inmediata y por lo tanto la necesidad de abandonar el hogar precipitadamente. Era como una espada de Damocles pendiente sobre nuestras cabezas. Se podía esperar que Franco, presionado por Hitler, decidiera entregar o deportar a los habitantes de Marruecos español de las diversas nacionalidades de los países aliados. Se sabe que el rey Mohamed V, de grata memoria, fue un adalid de los judíos de Marruecos. No obstante, su brazo quizás no llegase tan lejos como para proteger también a judíos ingleses.

Durante los años de la Guerra Civil española, los secuaces de la Falange en Larache vigilaban a los judíos por una razón u otra. Podía ser porque entre ellos había muchos masones o por la simpatía que profesaba la mayoría de ellos hacia la República. Al estallar la Segunda Guerra Mundial, la vista de estos esbirros cayó sobre los varones de mi familia. A papá lo tenían vigilado todo el tiempo, aunque nunca hallaron prueba de nada para atraparle. Pero mi tío Salomón, con quien yo trabajaba, fue arrestado y estuvo confinado en su casa durante un año…”

El libro también incluye un curioso glosario, casi diccionario, de jaquetía. Dice Raquel que la pasión por la jaquetía ha llevado a Sara a escribir cuentos y participar en tertulias públicas. Se puede leer en este glosario:

“Empleo del habla jaquetiesca.  Ejemplo Primero:

Oyeme, mi ueno, dile a Ya´acobito, que las turmas, me disheron ¡que stan cáaaras! Ua n´importa, que merque ukuán unos dos kilos, pa´l sabaló de noche – sabbad.

Ejemplo Segundo:

Esa negra toda de Mazaltica, no fregó la olla de la adafina, ni mondó la jodra, ni escamondó los garbanzos pa´l leshiado. ¡Waaa… se la caiga el mazzal y no se la levante…! ¿Qué voy a hazer con ella…? ¡No la quede amo lo tuerta que es…!”

Sara Fereres ha publicado también dos libros basados en sus investigaciones bibliográficas: “Akenatón y Moisés” (1999), que  escudriña los paralelismos históricos y culturales de ambas figuras, y recientemente “El Cristianismo de Jesucristo”, resultado de 20 años de reflexiones e indagaciones sobre la vida de ese personaje en el contexto de la vida judía de su época. Tiene aun sin publicar “Las profecías de Ezequiel desveladas”.

A la fecha Sara es abuela de siete nietos y una bisnieta, y continúa viviendo en su Pent House de la  esquina Canónigos, en Caracas.

 

Raquel Fhina de Moryoussef & Sergio Barce, abril 2011

 

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12 comentarios

    1. Hola Mokthar

      Me alegro que con el escrito de mama hayas aprendido cosas sobre la Larache de antes que quizas no conocias…una union entre las 3 culturas o religiones, una hermandad que solo la distancia podia romper……
      Como dices, hoy en dia eso ya no existe, ya judios no quedan por alla, quizas algunos españoles y solo el recuerdo de esos tiempos es lo que perdura en todos los que en Larache vivieron.

      Saludos

  1. He quedado agrablemente impresionado por lo que cuenta Sara Fereres, que sigue fiel a los recuerdos de Larache
    aunque vive desde hace años en el otro lado del mundo.
    En cuanto a la Jaquetia, mi madre, Conchita para sus amigas hebreas de la época, hablaba perfectamente el judío-español de Larache, hasta con ese acento especial haciendo silbar las zetas. No se diferenciaba en nada de ellas, y hablaba además el árabe vulgar como una mora. Llegó a Larache en 1.917, con 10 años, cuando era una ciudad amurallada.

    Saludos para Sara.

    Carlos Galea

    1. Querido Carlos

      Mucho tiempo sin saber de ti, gracias por tus gratas palabras hacia mi madre, y como dices, vivimos desde nuestra salida de Marruecos al otro lado del charco, bien lejos de esa Larache añorada pero cada vez que podemos hacia ella volvemos, si Dios quiere en un mes y poco mas estare de vuelta por ella, un paseo corto pero que renueva el espiritu y hace que esa añoranza por la tierra querida de mi familia no se olvide…

      Muchos saludos y que estes muy bien

  2. Cuánto me gusta leer estas historias, qué interesante su pasión por la jaquetía! Estoy segura que valdrá la pena leer la «Crónica nostálgica» de Sara. Gracias Sergio por acercarnos a estas personas tan entrañables.

  3. Muchas gracias Joana por tus hermosas palabras para mi madre, si tienes oportunidad lee su libro, se que sera un paseo agradable por esa Larache de antaño.

    Saludos

    1. Hola Raquel un gusto conocerte, soy Elsie Coriat nieta de Aurora y Salomon, soy la hija de Robert Coriat. Me alegra muchisimo conocer mas de mis raices, que lindo tener la familia llena de gente tan importante y con tantos aportes hermosos a la humanidad…. un gran abrazo!

  4. Me ha dado mucha alegría, ternura, saber de esta señora. Ni el tiempo ni la distancia borran los recuerdos… y ella guardará tantos…pero me emociona el que haya querido compartirlos, buscaré ese libro, aunque será quizás dificil encontrarlo.
    Dice su hija Raquel que va a volver pronto a dar «un paseo » será muy emocionante…
    También dice que ya allí no quedan judios! Me he quedado muy sorprendida pues pensaba que nuestro querido amigo Berros seguía con su hermana en Casablanca, quizas por eso cuando llamamos, muchas veces, nunca nos cogen el teléfono, me entristece pensar que ya no podremos saber más de él …
    Gracias sergio por darnos a conocer esta historia, pues a través de ella he podido conocer a esta señora, Sara, y también a su hija, Raquel, que saludo desde aquí con cariño.
    Un abrazo

  5. Todas las frases que se refieren, referían o referirán a Larache y han sido o serán surgidas del corazón de su interprete el que solo esta entregado y fiel al amor puro, no limitado y tan sincero hacia Larache, seguro que si encontraran con facilidad su lugar adecuado en todos los corazones y almas de los verdaderos amantes de Larache, no dudo en nada de que la respetada y veterana escritora Sara Fereres, si es de este genero de narradoras que si saben como traducir los hechos vividos de su vida privada en palabras escritas con mucho esmero literario, que le otorga la admiración y el respeto de sus lectores, yo un día he tenido ese goce y honor de dialogar con ella a distancia sobre un humilde escrito en un foro de Internet.
    Un saludo muy cordial y amical a distancia a la escritora larachense Sra.Sara Fereres.

  6. 12 de abril de 2.011
    8 Nisan 5.777

    Por haber vivido (y nacido) en Larache, y para mejor información de los posibles lectores de ésta página, quiero hacer un par de precisiones a lo escrito por Doña Sara, para poner en su justo sitio las circunstancias que ella aborda.
    Dice en un escrito del año 2007:
    “El Club Militar que llambamos La Hípica era sólo pa´los militares y sus familias. Mozotros los judíos, no teníamos derecho”.

    Este párrafo contiene, según el clásico, “variaciones de la verdad”.
    Los judíos iban a los saltos de caballos cuando los había, con el mismo derecho que los marroquíes y los españoles; ahora recuerdo a un tal Amselem y a un otro Bendayan, que eran judíos (o eso creo yo), que asistieron en algunas ocasiones a la Hípica, y, con naturalidad, estaban en las tribunas de preferencia, con las autoridades españolas, departiendo con ellas, sin ninguna diferencia ni discriminación; y digo que ahora lo recuerdo, porque fui allí algunas veces, y, supongo, que no a todos los eventos, pero ellos estaban allí como autoridades o altos dignatarios de mi pueblo.
    Así que eso de que “los judíos no teníamos derecho”, habrá que ponerlo en cuarentena, o averiguar el por qué determinados judíos no tenían derecho. Tengo que señalar (en lo que yo recuerdo, eso sí, muy brumosamente porque en aquellas fechas yo era casi un niño), que para entrar en la Hípica se exigía un cierto empaque y decoro en el vestir y en la manera de comportarse, porque allí iban a montar a caballo oficiales del Ejército Español, y los hijos y otros familiares de la Duquesa de Guissa; y ello me consta porque mi padre me lo refirió en su día, al darme la explicación del por qué tenía un tarjetón de visita de dicha Señora con su firma y rúbrica, dándole las gracias por haberle facilitado caballos a sus familiares. Por otro lado, y a título personal, puedo añadir que amigos mios hebreos, los he tenido, y muy buenos como David, Mesod, Amrani, Pariente, Ambram y otros, y con algunos, nos hemos “colado” en la Hípica.
    Y ya puestos, amigos marroquíes: Abdelatif, Alí, Hassan, Dris, Yibilo, Larbi, Yilali, Almanzor, Jamal, y otro cuyo nombre nunca supe porque le llamábamos “tocino”, mote que no le gustaba a él (se aspavimentaba), y por eso mismo así le llamábamos.

    Pero me voy saliendo del tema a que me refiero.
    Dice a continuación la tal Sara:
    “La suerte fue que mi tío Elías (Z´L), (Mr. Fereres), enseñaba inglés y creoy que tamien franses en el Liceo Patronato Militar. Grasias a esooo…le hhizieron sosio. Wua que bos dire… Nossé como fue que empesimos a entrar al Club con mi tío, porqu´él, jjuwuaba al tenis y al pinpón de lo mejjor. Wua mozotras mos neskheímos en el Capitán, Don Pedro Gómez-Torga (venía de familia… noooble) manque todos le llamabamós… gher Perico. Le roguimos ´hauritel-la que mos enseñara a montar a caballo. Él era un jinete endiamantado y un profesor d´equitasión de primera y como le caímos bien… wua´ntonses s´ocupó de las tres. Ansina´mpesimos a montar y a salir a correr a los “Biberos” que´staba cabe´l Club. Galopando y galopando entre los pinos, unas bezes indo pasito a pasito y cuando aprendimos a sebtarmos bien y a dirigir al caballo, ´had mos ambezó a cojjer, wuena postura sobre la sía del caballo pa´mpesar a galopar. Eso no´s todo, dishimos qu´aprender a saltar ostaculós. Lo wueno de Perico dishó que wueno”.

    En primer lugar, el Liceo Francés, estaba en la Avenida del Generalísimo, donde empecé a estudiar ese idioma porque mi madre lo hablaba y escribía correctamente, y el Patronato Militar, se llamaba “patronato militar de enseñanza media”, hoy Colegio Cervantes (creo).
    El capitán a que se refiere, yo lo conocí de comandante y, efectivamente, era buen y constante jinete, porque el ejercicio de la equitación, le servía (decía él) para no engordar (y también fumaba mucho para lo mismo); y digo que gracias a ese conocimiento, pudieron entrar en la Hípica.-
    Ergo SÍ tenían derecho a usar y gozar de esas instalaciones.
    Por favor, menos críticas sin fundamento.
    Saludos cariñosos a todos los larachenses y también para la baidaui

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